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La experiencia es un grado (II)

 abril 16, 2014
By Javier Garcia

En defensa del valor de la experiencia y la necesidad de contar con todos los ciudadanos, recientemente realizamos un artículo con el afán de reconocer la importancia nuestros mayores para el avance de la sociedad. Sin ánimo de recorrer de nuevo los pros de esto, tanto a nivel personal como para el conjunto de la sociedad; consideramos vital difundir dichos beneficios para un mejor funcionamiento de la propia sociedad a todos los niveles, incluyendo áreas a priori  no afectadas como la economía.

En el desarrollo de la reflexión, se vislumbraban distintas acciones a realizar para lograr una plena inclusión de los adultos mayores en la vida cotidiana de la sociedad, algo que a día de hoy tiene mucho que ver con la reducción de la brecha digital, pero también con algo mucho más profundo y sostenido en el tiempo: nuestra propia visión.

Manifestaciones serias como que “los mayores acaban con los recursos que generamos” o incluso bromas como el chiste de los jubilados viendo obras, alientan una forma de ver a los ancianos que no se corresponde con la realidad, pero que hacen mella en el tiempo. Afortunadamente, consideramos que no es la visión mayoritaria, pero no por ello su daño es menor. Por ello, es necesario derribar mitos en torno a la senectud y sobre todo, dar voz a quienes tienen mucho que decir, aunque estén silenciados.

Una manera eficaz de luchar contra estas visiones que atacan a los valores sociales es el derribo de los estereotipos. Y no sólo hablamos de lenguaje o mitos, que son más fáciles de tumbar con referencias positivas o el simple valor de la razón. El problema de fondo es hay estereotipos tan manidos que se consideran guasa, pero como los demás, no sólo pueden llegan a la burla, sino que en el peor de los casos afectan a nuestra forma de ver a este sector de población. Así llegamos a escenarios más graves de lo que se puede imaginar a simple vista, como un sistema sanitario que no dispone de medios para detectar síntomas de demencia en menores de 65 años, por asociar ese mal a personas de mayor edad como se explica en este interesante documento.

No es obsesión, es convicción. Por ello, lejos de quedarnos en la (importante) labor de difusión, también entramos en acción día a día, tratando de mejorar una plataforma destinada a mejorar la calidad de vida de las personas mayores, desde el punto de vista sanitario, pero sin olvidar la valía del ocio, la comunicación y la participación social. En cualquier caso, es responsabilidad de todos, por lo que en una próxima entrega mostraremos unos ejemplos que nos enseñan el camino a seguir para que la sociedad reconozca que realmente “la experiencia es un grado”.